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Producción propia o subcontratación: ¿qué compensa en los pedidos recurrentes?

Producción propia o subcontratación: ¿qué compensa en los pedidos recurrentes? Para una tarea puntual, la decisión suele ser sencilla: un proveedor especializado se encarga del tratamiento sin que el cliente tenga que invertir por su cuenta en tecnología, formación y puesto de trabajo. Sin embargo, cuando la necesidad se repite con regularidad, el cálculo puede cambiar.

Por la redacción de Beamlux Actualizado el 20 de agosto de 2026 Tiempo de lectura 11–13 minutos

A medida que aumenta el volumen de pedidos, ganan valor la utilización interna de la capacidad, el margen externo que se evita, un control de plazos más rápido y el conocimiento acumulado del proceso. Al mismo tiempo, la producción propia genera riesgos de inversión, de personal y de explotación que, en la subcontratación externa, recaen en gran medida sobre el proveedor.

Por eso, este artículo no trata el servicio de Beamlux en sí. La página existente Tratamiento láser por Beamlux como servicio ya cubre esa oferta. Aquí se trata exclusivamente de la decisión de make-or-buy de una empresa.

Qué significa make-or-buy en los procesos de superficie

Make-or-buy designa la decisión de prestar un servicio internamente o comprarlo fuera.

En un proceso de superficie, la pregunta es, por ejemplo:

¿Debe la empresa aportar por sí misma el personal, la tecnología y la infraestructura?

¿O debe un proveedor especializado tratar las piezas?

Ambas opciones pueden ser económicamente correctas.

La decisión no depende de si la producción propia es, en principio, más barata o la subcontratación, en principio, más flexible.

Lo decisivo es el perfil de uso concreto.

Por qué los pedidos puntuales se valoran de otro modo

En un pedido puntual, la subcontratación tiene una gran ventaja:

No es necesaria ninguna inversión permanente.

La empresa paga un precio definido y recibe la prestación acordada.

El riesgo de inversión lo asume el proveedor.

Para un tratamiento interno, en cambio, posiblemente habría que adquirir la tecnología, formar al personal y habilitar un puesto de trabajo.

Esos costes fijos recaerían íntegramente sobre un único pedido.

Por eso, la subcontratación suele ser una opción lógica en tareas especiales poco frecuentes.

A medida que aumenta la repetición, ese cálculo cambia.

A partir de cuándo la repetición resulta relevante económicamente

Supongamos que una empresa subcontrata cada mes el mismo pedido de tratamiento.

La factura externa asciende cada vez a un importe fijo.

Al cabo de un año se obtiene una suma total relevante.

A más tardar en ese momento vale la pena plantearse la pregunta:

¿Cuánto costaría el mismo trabajo internamente?

La repetición ofrece además ventajas técnicas.

Los parámetros se pueden guardar.

El personal adquiere rutina.

Los tiempos de preparación se reducen.

La calidad se estandariza con mayor facilidad.

Así, los costes internos por pieza pueden disminuir a medida que crece la experiencia.

Un único pedido de prueba no tiene esa curva de aprendizaje.

Registrar los costes de la subcontratación

En la subcontratación no debería considerarse únicamente el importe de la factura.

Además pueden surgir:

  • embalaje
  • expedición o transporte
  • logística interna
  • pedido y gestión administrativa
  • recepción de mercancías
  • control de calidad
  • tiempo de espera
  • stock de seguridad

Con un proveedor que trabaja in situ, la estructura es distinta.

Aquí puede ser relevante, por ejemplo, el desplazamiento.

Los costes externos anuales completos deberían determinarse a partir de datos contables y de proceso reales.

Las estimaciones suelen ser innecesarias, porque las facturas y los costes de transporte ya están disponibles.

Registrar los costes de la producción propia

En el lado de la producción propia se encuentran:

  • Inversión
  • financiación o inmovilización de capital
  • personal
  • Energía
  • filtros y desgaste
  • Mantenimiento
  • puesto de trabajo
  • formación
  • organización de la seguridad
  • Control de calidad

La adquisición de una máquina es, por tanto, solo una parte.

La utilización prevista de la capacidad es especialmente importante.

Un sistema que se compra únicamente para un solo tipo de pedido interno conlleva un mayor riesgo de infrautilización.

En cambio, si puede asumir varias tareas que se repiten con regularidad, la rentabilidad mejora.

Margen y valor añadido interno

En el caso de un proveedor externo, el precio incluye, lógicamente, sus costes y su margen.

Con la producción propia, una parte de ese valor añadido se traslada a la propia empresa.

Sin embargo, eso no significa que toda la diferencia se convierta automáticamente en beneficio.

A cambio, la empresa asume:

  • riesgo de inversión
  • riesgo de personal
  • riesgo de parada
  • responsabilidad del proceso

Por eso, la producción propia puede resultar económicamente atractiva cuando hay volumen suficiente.

Con una utilización baja, en cambio, el margen externo puede salir más barato que los costes fijos propios.

El conocimiento del proceso como activo

Un factor que a menudo se pasa por alto es el know-how.

Quien realiza un proceso con regularidad por sí mismo acumula conocimientos sobre:

  • materiales
  • recubrimientos
  • parámetros
  • errores típicos
  • tiempo necesario
  • límites de calidad

Ese conocimiento del proceso puede tener un valor estratégico.

Un fabricante de maquinaria puede reaccionar más rápido ante los cambios.

Un proveedor de servicios puede evaluar mejor las nuevas aplicaciones de sus clientes.

Una empresa de producción puede analizar los problemas internamente.

Los fundamentos técnicos sobre los distintos aportes de energía se tratan en el artículo Láser pulsado o CW: ¿qué aporte de energía se adapta a la pieza?.

En aplicaciones recurrentes, el valor de ese conocimiento crece con cada proyecto.

Personal y suplencias

La producción propia requiere personal cualificado.

Eso plantea una cuestión organizativa importante:

¿Qué ocurre cuando el único empleado formado está enfermo o de vacaciones?

Un proceso interno estable no debería depender por completo de una sola persona.

Por eso, según la importancia del procedimiento, se puede formar a varios empleados.

Eso aumenta en un primer momento los costes de formación.

A largo plazo mejora la seguridad operativa.

En la subcontratación, esa organización del personal corresponde al proveedor.

Es una ventaja real de la subcontratación y debería tenerse en cuenta en la decisión.

Riesgo de infrautilización

El mayor riesgo económico de la producción propia no suele ser la tecnología.

Es la falta de utilización de la capacidad.

Puede que una inversión se calcule con 800 horas al año.

Pero en la realidad solo surge una necesidad de 250 horas.

Entonces los costes fijos se reparten sobre un volumen de producción claramente menor.

Por eso, un cálculo de make-or-buy debería contemplar al menos tres escenarios:

  • conservador
  • realista
  • optimista

En la medida de lo posible, la decisión no debería funcionar únicamente en el escenario optimista.

Capacidad y cumplimiento de plazos

La producción propia puede mejorar el control de los plazos.

La empresa decide por sí misma cuándo se procesa un pedido.

Eso es especialmente relevante en trabajos internos urgentes o con plazos de cliente cortos.

La subcontratación, en cambio, significa depender de la capacidad del socio.

Un buen proveedor a largo plazo también puede ser muy fiable.

Por eso, este punto debería valorarse a partir de experiencias reales.

¿Con qué frecuencia ha habido tiempos de espera hasta ahora?

¿Cómo de críticos fueron?

¿Qué valor tendría un tratamiento en unas pocas horas en lugar de varios días?

Estas preguntas pueden ser económicamente más relevantes que una pequeña diferencia en el precio por pieza.

Calidad y responsabilidad

Con la producción propia, la responsabilidad del proceso recae en mayor medida en la propia empresa.

Los parámetros deben dominarse y deben definirse criterios de calidad.

Eso aumenta el esfuerzo interno.

Al mismo tiempo, la empresa tiene control directo sobre el proceso.

En caso de subcontratación se puede acordar contractualmente una calidad definida.

El proveedor de servicios asume la ejecución operativa.

Qué variante encaja mejor depende también de la importancia estratégica de la superficie.

¿Es el tratamiento un proceso auxiliar secundario?

¿O influye directamente en una característica crítica del producto?

Cuanto más cerca esté el proceso del propio know-how central, mayor puede ser la ventaja de contar con competencia interna.

Modelo mixto en lugar de una decisión excluyente

Make-or-buy no tiene por qué ser una decisión absoluta.

Muchas empresas pueden aprovechar razonablemente un modelo mixto.

Por ejemplo:

Tareas estándar internas

Las piezas recurrentes y bien documentadas se tratan internamente.

Picos de carga externos

Cuando la capacidad interna está saturada, un socio asume las cantidades adicionales.

Casos especiales externos

Los materiales poco habituales o las piezas especialmente grandes se subcontratan.

Así se aprovecha mejor la capacidad de un sistema propio sin tener que cubrir internamente cualquier aplicación imaginable.

El alquiler también puede representar un paso intermedio.

La correspondiente posibilidad de uso vinculada al proyecto puede resultar interesante en picos temporales.

Qué datos se necesitan para la decisión

Un análisis de make-or-buy sólido necesita como mínimo:

Cantidad anual

¿Cuántas piezas u horas se generan realmente?

Costes externos

¿Cuánto se pagó realmente en los últimos doce meses?

Transporte

¿Qué gastos logísticos adicionales se generan?

Tiempo de proceso interno

¿Cuánto duraría el tratamiento interno?

Personal

¿A cuánto ascienden los costes de personal internos imputados?

Inversión

¿Qué sistema e infraestructura serían necesarios?

Utilización

¿Qué otras aplicaciones podrían utilizar el mismo sistema?

Calidad

¿Se puede dominar el proceso internamente de forma reproducible?

Cuantos más valores procedan de datos reales, menos especulativa será la decisión.

Calcular el punto de equilibrio anual

Un cálculo simplificado puede tener este aspecto:

Subcontratación

precio por pieza × cantidad anual

más transporte y logística interna.

Ejecución interna

costes fijos anuales de la inversión

más costes variables por pieza × cantidad anual.

En un determinado volumen se cruzan ambas curvas de costes.

Por debajo de este punto de equilibrio, la subcontratación puede ser más rentable.

Por encima, la ejecución interna puede resultar más económica.

Este valor umbral resulta mucho más útil que una recomendación general.

Un ensayo de material puede proporcionar el tiempo de tratamiento interno necesario para ello.

Conclusión: los pedidos recurrentes cambian la decisión de make-or-buy

Producción propia o subcontratación: ¿qué compensa en los pedidos recurrentes?

En trabajos puntuales poco frecuentes, la subcontratación tiene ventajas claras: ninguna inversión permanente, ningún parque de máquinas propio y menos responsabilidad sobre el proceso.

A medida que aumenta la repetición, otros factores ganan importancia:

  1. volumen anual de pedidos
  2. utilización interna
  3. costes externos evitados
  4. conocimiento del proceso
  5. control de plazos
  6. valor añadido propio

Al mismo tiempo, con la ejecución interna la empresa asume riesgos de inversión, de personal y de parada.

Por eso, la mejor solución también puede ser un modelo mixto.

Pedidos estándar internos, casos especiales externos y picos vinculados a proyectos mediante capacidad adicional.

Lo decisivo no es una decisión de principio.

Quien quiera evaluar económicamente la ejecución interna y la subcontratación toma como base cantidades anuales reales y costes de proceso completos.

Fuentes

  • Fraunhofer-Geschäftsbereich Reinigung – Procesos láser industriales — Ejemplos prácticos sobre integración en serie, sistemas móviles y distintos escenarios de uso.
  • Fraunhofer ILT – Productividad e integración de procesos — Contextualización de los procesos láser rentables a través de la utilización, la calidad y el proceso global.
  • Fraunhofer IGCV / IVV – Eficiencia de recursos en la limpieza industrial — Evaluación económica de distintas cadenas de proceso.

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